Esta es una pregunta que siempre me asalta cuando, en mi Revisión Semanal, alcanzo los niveles de 12 y 15 mil metros (para una explicación de lo que hablo pueden referirse a este post de DuTudú).
La mayoría de las que conozco son malas: declaraciones que están cuidadosamente colocadas en bellos marcos adosados a muros de oficina; pero, las peores son aquellas que están impresas en un hermoso papel, relatos largos y detallados que son difíciles de memorizar y de bajar a la realidad cotidiana de la persona, para liberar su energía y potenciar a la sociedad, demasiado largas para preocuparse por ellas. Nadie habla de ese modo.
Entonces, ¿cuál es la diferencia? La verdad, simple y sencilla, es que la diferencia sólo importa si las uso.
Creo que no necesito misión y visión para declarar lo obvio. Lo que busco es que declaren lo excepcional y extraordinario, presumir ese acto de fe que me hace caminar al borde del abismo, los sueños más salvajes respecto a cada posibilidad que deseo explorar en el día a día. Las necesito para crear charla, susurro, debate. Las quiero por ser constantemente fascinantes, atractivas, y apasionantes.
Quiero que misión y visión sean controversiales. Que pidan discusión y explicación. Que respondan a preguntas como: ¿Cómo voy a hacer una diferencia cada día y mejorar la calidad de la vida misma? ¿Cómo podré trabajar en lo que realmente importa? ¿Por qué este mundo no puede ser un gran lugar sin la magia de aquello que hago? ¿Por qué soy tan especial, tan condenadamente bueno, y tan fanáticamente valiente? Quiero mis valores y principios en mangas de camisa y que ellos sean los que hablen.
Entonces, ¿cuál es la diferencia? Lo que puedo decir es: tu misión es lo que mejor haces diariamente y tu visión es como luce el futuro porque cumples tu misión endemoniadamente bien.
La misión alimenta tu confianza: “Puedo hacer esto y soy el indicado para hacer esto, por que soy el mejor en eso.”. La misión produce profusamente ideas revolucionarias sobre lo mundano, desterrando la mediocridad.
La visión crea ese momento de anticipación del futuro, el cambio se acepta como un paso más que nos acerca a esa convincente imagen de lo que vendrá después. El entusiasmo por el futuro supera cualquier temor.
Así pues, hay que transformarlas en mantras que recite realmente, radiante de orgullo, porque ellas expresan: “Este soy yo y me alegro de lo que soy”, es la emoción que evocan. Misión y visión están vivas, desarrollándose, reinventándose y creciendo.
Así que a derribar la placa en la pared, realmente no es necesaria; y esa declaración escrita, puede ser utilizada para imprimir algo en el reverso.
A poner misión y visión en su lugar.
Basado en Managing with Aloha de Rosa Say


Interesante reflexión que comparto casi en su totalidad.
No estoy de acuerdo con tu definición de “misión”. Lo que mejor haces diariamente no tiene necesariamente que coincidir con tu misión –puedo ser un genio reparando ordenadores, y no por eso convertirlo en mi misión personal.
La misión de cada uno debería ser algo de lo que sentirnos orgullosos. Una forma de saber cuál es tu misión es imaginarte a ti mismo dentro de 50 años, en tu lecho de muerte, y hacerte esta pregunta: ¿qué estoy orgulloso de haber conseguido/hecho en la vida? La respuesta a esa pregunta se parece mucho a lo que yo considero mi misión
Estoy de acuerdo en que, generalmente, lo que nos permite cumplir nuestra misión suele ser algo con lo que disfrutamos y que hacemos bien –precisamente porque lo disfrutamos. Pero esto no siempre sucede de forma natural. En muchas ocasiones, una vez descubierta nuestra misión, nos corresponde trabajar y desarrollar esas habilidades que nos permitirán darle cumplimiento.
Jero Sánchez´s last blog ..Un proceso de desarrollo de plan de vida